martes, 31 de julio de 2012

3 años de El Canto del Ahuehuete


     Una de las mejores maneras de preservar la lengua española es escribiendo literatura, no porque usen los artistas del lenguaje palabras domingueras, sino porque hacen gala de figuras retóricas, luciendo su elocuencia y elaborada sintaxis; en síntesis, porque emplean un español culto de forma elegante, sin otra finalidad que suscitar la experiencia estética en los lectores. Para osar escribir hay que leer mucho previamente. Los escritores son antes que nada lectores, y su escritura: una manera más de leer el mundo. Es loable que en nuestra ciudad se publiquen revistas literarias, es bueno que tengamos literatura independiente en el Bajío.


     La revista leonesa El Canto del Ahuehuete cumple tres años de publicarse. Han dedicado su edición número 23  a celebrar un aniversario más de vida. La revista es dirigida por el poeta leonés Uriel Martínez, quien ha sabido integrar y coordinar diversas voces y géneros enriqueciendo nuestro medio cultural y literario. Entre los editores se encuentran el poeta Aníbal Martínez, el diseñador Emanuel Muñoz, y el caricaturista Luis Gómez, por sólo mencionar a algunos de ellos. Los colaboradores han rebasado la cantidad de ciento cuarenta.


     La poesía, la narrativa, el ensayo, la traducción, las artes plásticas, la crítica de arte, la caricatura, y otros géneros, han poblado sus páginas. Escribe el equipo editorial en este número: “El tiempo es relativo, en la cuenta de los días, la temporalidad no escapa de los límites de las horas, y con la suma de ellas, en un abrir y cerrar de ojos, tres años han transcurrido y seguimos vigentes; tal vez la terquedad nos permite continuar.” Más que terquedad, perseverancia, trabajo, amor por la literatura y por el arte.


     Poco a poco, El Canto del Ahuehuete ha ido aumentando sus páginas, sus secciones, sus colaboradores. Sus portadas fomentan la difusión pictórica, pues son óleos o acrílicos los que nos introducen con sus evocaciones oníricas al universo de las letras. En este número le toca el turno al óleo sobre tela titulado “Porque hay marcas que son solamente mías o mi lado izquierdo donde anidas”, del pintor José Julián Gámez.


     La finalidad de El Canto nos la dicen los editores en la página 32 de este número: “…con una sencilla selección de textos iniciamos El Canto del Ahuehuete, con la pretensión de abrir unas páginas a la sociedad leonesa como una labor que incitara a promover el quehacer artístico, sin más búsqueda que las palabras, las ideas y la imagen.”

     Algo que me gusta especialmente de la revista es que publiquen traducciones, la traducción es un género literario menospreciado por muchos editores y lectores, pero no es menos importante que los otros géneros.


     Enhorabuena a Uriel Martínez y a todos los editores, colaboradores y lectores de El Canto del Ahuehuete. ¡Que haya arte y literatura para muchos años más!












sábado, 21 de julio de 2012

LA HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA


     La historia de la lengua española es una disciplina científica que se posiciona cada vez más en las universidades mexicanas, es una disciplina híbrida, mezcla de historiografía con lingüística, pero son mayoritariamente lingüistas quienes la consideran una rama de su ciencia, a la que llaman lingüística histórica, los historiadores a su vez, la denominan historiografía lingüística.

     En España estudian esta disciplina en las facultades de filología hispánica, filólogos de la talla de Ramón Menéndez Pidal y Rafael Lapesa se formaron como historiadores, aunque la regla indica que los grandes historiadores españoles de nuestra lengua se han formado como filólogos (la filología es el estudio de la cultura escrita en una sociedad determinada combinando y complementando tres enfoques metodológicos: el lingüístico, el histórico y el literario, sin soslayar el numismático o el arqueológico), por ejemplo, Rafael Cano, coordinador de la colectiva Historia de la lengua española (Ariel, 2008, 2ª ed.), libro que hasta el momento es una de las historias académicas más completas.

     En nuestro país, la referencia imprescindible es Los 1001 años de la lengua española de Antonio Alatorre (FCE, 2010, 3ª ed.), es uno de los estudios históricos más heterodoxos que se han publicado sobre nuestra lengua, enfocado en el español que hablamos en México, es deliberadamente divulgativo, aunque no exento de erudición y belleza estilística, Alatorre fue un académico consumado que se rebeló contra el uso de la jerigonza de la academia, pero jamás pudo suprimir su sabiduría lingüística ni el aparato crítico en su obra, prueba de ello es su utilísimo índice onomástico. Alatorre fue un precursor en 1979, otros investigadores han hecho aportaciones importantes en la historia del español americano, con especial énfasis en el mexicano.

     El español en América (FCE, 2001) de José G. Moreno de Alba, de la Academia Mexicana de la Lengua, donde el autor trata de elucidar los orígenes del español que hablamos, sobre todo el sistema fonológico, sus peculiaridades y diferencias respecto al español peninsular, revisa concienzudamente la hipótesis andalucista. El concepto de español peninsular es una falacia porque España no escapa al fenómeno de la dialectización, hay un español castellano, uno extremeño, otro andaluz, etc.

El lingüista de El Colegio Nacional, Luis Fernando Lara es otro de los estudiosos de la disciplina, Para la historia de la expansión del español por México1 (CN, 2007) es un compendio bibliográfico crítico y un señalamiento sobre las mentiras histórico-lingüísticas que han arraigado en nuestro país, tergiversado la historia de la evolución de la lengua española en México.

     Estos son algunos de los estudios más sobresalientes, realizados por académicos mexicanos, es imprescindible conocer la historia de la lengua milenaria que hablamos porque nos otorga identidad lingüística, tenemos un patrimonio que lingüísticamente comenzó con el latín e históricamente con el Imperio Romano.

     Conociendo sus tesoros y su grandeza eludiremos el malinchismo lingüístico en boga y amaremos más nuestra lengua materna, hablamos la lengua de Quevedo, de Alfonso X el sabio, expresamos nuestro ser en la lengua del humanista renacentista Antonio de Nebrija, primer gramático de nuestra lengua nacida en Castilla, aún hay mucha historia por narrar sobre la andadura del español.


1 El lector puede leer mi artículo El español de México: una historia inconclusa, donde sintetizo el trabajo del doctor Lara, en la revista 012: http://www.012.mx/otrasfirmas/franciscogonzalez/el-espanol-de-mexico-una-historia-inconclusa.html




domingo, 18 de marzo de 2012

Filosofía y poesía

Hay un ensayo emblemático en las letras panhispánicas del siglo XX, me refiero al libro Filosofía y poesía de María Zambrano (FCE, 1987). La filósofa española hace una apología de la poesía desde el discurso filosófico, filosofa sobre la poesía y lo hace con gran lucidez. Parte del hecho de que la filosofía y la poesía son dos actividades intelectuales antagónicas e irreconciliables. Pero la poesía ha adoptado a lo largo de los siglos posturas y enfoques metafísicos, místicos y éticos, además de sus elementos estéticos. La poesía se ha alimentado de la filosofía, y viceversa, es conocidísimo el influjo de la poesía de Hölderlin en el Heidegger post Sein und Zeit. Platón desterró a los poetas de su república ideal, pero él mismo era un poeta, una contradicción viviente. Zambrano es una filósofa de inspiración platónica, más que eso, es una exaltada helenista, su prosa es luminosa, profunda y de gran belleza. He aquí la muestra: “Nada más desconcertantemente melancólico que ciertas playas a la hora de la baja mar; criaturas extrañísimas han quedado abandonadas sobre la arena húmeda y un aire de destrucción parece flotar sobre todo.” ¿Escribe ensayo filosófico o prosa poética? Desde la crítica literaria o incluso desde la poesía misma se han realizado apologías, pero Zambrano llega más lejos, retrocede hasta los orígenes griegos, por ende occidentales, de la poesía y remonta el viaje hacia el siglo XX, hasta los poetas simbolistas de la vanguardia poética francesa. La prosa de María Zambrano, más allá de sus significaciones filosóficas, es una de las más cultas y elegantes del siglo en que nacimos, es un excelente ejemplo de español avanzado, leerla es un deleite ininterrumpido, hedonismo puro para el intelecto, un manjar para el espíritu. Las palabras de origen griego ordenadas de acuerdo a la inigualable sintaxis de la filósofa producen la impresión de haber sido redactadas en griego y no en español. Confiesa que en el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz está sintetizado todo Platón y toda la poesía, en el celebérrimo fragmento: “¡Oh cristalina fuente/ si en esos tus semblantes plateados/ formases de repente/ los ojos deseados/ que tengo en mis entrañas dibujados!” ¿Cómo no estar de acuerdo con ese panegírico? La apoteosis de lo sintético, sin duda alguna. Filosofía y poesía  nos presenta un cuadro comparativo, dicotómico entre el poeta y el filósofo, no para despotricar contra alguno de los dos, sino para comprender que en el fondo no son opuestos, sino complementarios. ¿Existe una definición de la filosofía más polémica que la siguiente: “La filosofía es un éxtasis fracasado por un desgarramiento.” Nos explica que mientras el poeta busca celebrar el mundo, el filósofo quiere comprenderlo. Dicho en términos filosóficos, uno pretende conocer el universo fenoménico y el otro el universo nuoménico, o sea, el mundo de las apariencias y el mundo eidético. Zambrano nos ha demostrado que en nuestra lengua es posible filosofar con la misma profundidad con que lo hacen los filósofos de lengua alemana. María Zambrano pudo haberles dicho a los alemanes: die Philosophie ist meine Muttersprache (La filosofía es mi lengua materna). Es una necedad continuar con el malinchismo lingüístico, siendo los herederos de Suárez y de Vives, de Ortega y de Gaos. Se nota la evolución acaecida en las entrañas de nuestra lengua durante la última centuria, ya hay teorías que hablan de un renacimiento áureo, poseemos la evidencia.












domingo, 26 de febrero de 2012

La Historia de la lengua española de Rafael Lapesa

A pesar de la publicación de nuevas historias de la lengua española, como la de Rafael Cano (Ariel, 2004) que ponen al día lo más sobresaliente de la investigación sobre historiografía lingüística hispánica o la Breve historia de la lengua española de David Pharies (Universidad de Chicago, 2007), la Historia de la lengua española (Gredos, 1981, 9ª ed.) de Rafael Lapesa continúa siendo la más leída y consultada, es ya una obra canónica, una referencia obligada para todos los estudiosos de la historia de nuestro idioma, es el paradigma de un auténtico trabajo filológico, el conocimiento histórico está bien equilibrado con el lingüístico y el literario. Estas tres disciplinas del saber se complementan armónicamente para dar fruto a la cultura emanada de la historia de nuestra lengua, pero la “Historia” de Lapesa no se ciñe solamente a estas tres disciplinas, la filología aspira a ser la ciencia de la cultura escrita, la filología hispánica decimonónica que aportó genios como Ramón Menéndez Pidal, bebió en las fuentes de la tradición germánica y adoptó el enfoque metodológico de las ciencias del espíritu. Rafael Lapesa fue discípulo de don Ramón y el influjo de su escuela se percibe perfectamente en su obra, el gran tema de la “Historia” además de ser el de nuestra lengua a través de su andadura milenaria es el de la cultura hispánica, no sólo española, hay que aclarar, sino hispanoamericana desde el siglo XVI,  así Lapesa estudia la idiosincrasia del pueblo español, su religiosidad, su misticismo, a sus geniales artistas plásticos, sus filósofos, poetas, retóricos, políticos emblemáticos como Carlos V, a filólogos como Antonio de Nebrija, la expulsión de los judíos de España en 1492, la diáspora sefardí; y el tema insoslayable: el español de América, hasta desembocar en las postrimerías del siglo XX. Menéndez Pidal escribió en el prólogo a la HLE: “El plan que el señor Lapes adopta es sencillo y claro, además de ser convincentemente comprensivo. Toma como hilo conductor la historia externa del idioma español, y simultáneamente, a través de ella, expone la evolución interna, gramatical y léxica”. La lengua española dejó ser latín vulgar para convertirse en una lengua áurea, que tuvo dos siglos de esplendor literario, y que posee una gran vitalidad, creatividad e ímpetu, Rafael Lapesa nos lleva de la mano por mil años de travesía lingüística, literaria y cultural sin parangón, si alguien aún no ama su lengua porque desconoce su glorioso pasado, la lectura de este extraordinario libro es su oportunidad para comenzar a enamorarse de la lengua española.
  












domingo, 19 de febrero de 2012

Traducir al español

Escribió George Steiner en su libro Después de Babel aspectos sobre la traducción y el lenguaje: “El traductor enriquece su lengua permitiendo que la lengua de la que traduce la penetre y modifique. Pero hace aún más: expande su idioma nativo hacia el absoluto secreto de la significación”. Antonio Alatorre fue un ejemplo de traductor enciclopédico, tradujo de cinco lenguas libros de profunda erudición, la labor del traductor es poco valorada en el medio intelectual, es decir, se le da mayor crédito intelectual y creativo al escritor, ¿acaso el traductor prescinde de la escritura? pero quien hace la transferencia, la traslación semántica y hermenéutica es el traductor 1; en este caso no se trata de cualquier traductor sino de uno muy avezado, cultérrimo, además de polígloto, fue un erudito en muchos temas: historia universal, literatura española de los siglos de oro, lenguas clásicas, de donde obtuvo su formación lingüística (buenas raíces: griego y el latín), fue un destacado  filólogo, además de crítico literario, su faceta más conocida es como historiador de la lengua española, pero a mí me interesa en esta columna destacar su labor como traductor de Lacan, Bataillon, Gerbi, Machado de Asís, y de Freire, de temas tan vastos y tan universales como la disputa del nuevo mundo, la reforma radical, el psicoanálisis y ensayos sobre la locura, la revolución pedagógica en Brasil, sobre la España ilustrada del siglo XVIII, por sólo mencionar algunos. Yo me dejé deslumbrar por Alatorre, cada vez que abría un libro descubría con asombro que el traductor era don Antonio, si es complicado leer esos libros en español, por eso mismo valoro la ardua empresa traductora no necesariamente traidora, no me sorprendo por el hecho de leer en otras lenguas, yo mismo lo hago, sino que dimensiono la magna empresa de Alatorre, traducir no es enchílame otra, sin menospreciar el trabajo de las excelentes cocineras mexicanas, y menos aún, libros llenos de notas al pie de página, de referencias bibliográficas tan extensas, con esos índices analíticos y onomásticos. Al punto al que quiero llegar es que un perfil renacentista o enciclopedista se cumple en ciertos hombres, en esta sociedad tecnológica, científica, la especialización en un solo campo es la ley, la meta, es mal visto que alguien incursione en varias disciplinas del saber, se cree imposible, poco serio, Alatorre es el paradigma de traductor enciclopedista, universalista, afortunadamente hay en el orbe hispánico, especialmente en México, más personas así.

Un lector puede asimilar el libro Erasmo en España de Marcel Bataillon, que Alatorre castellanizó, aunque con mucha paciencia, es la obra de un hispanista galo, enfocado en un siglo y en un tema solamente, a tal punto que lo agota, es el culmen de un campo historiográfico, el mercado editorial desea lectores compulsivos pero de libros breves, fáciles de leer, y esta joya historiográfica del hispanismo debe ser leída con toda calma, debe ser degustada para poder ser comprendida a cabalidad. Imaginen, si es complejo asimilar, pero realmente asimilar, toda la información de esos libros como simples lectores, el traductor lo asimila dos veces, quien escribe lee dos veces, quien traduce lee y escribe más de dos veces, crea una nueva obra en su lengua materna. Alatorre expandió la lengua de Nebrija hacia nuevos horizontes culturales.



1 El lector interesado puede consultar mi ensayo La traducción babélica (sobre el libro que George Steiner dedicó a la traducción: Después de Babel)  publicado en el número 20 de la revista El Canto del Ahuehuete (2011).











domingo, 12 de febrero de 2012

La herencia hispanohebrea

La lengua española ha sido el receptáculo de grandes ideas y cosmovisiones a través de los siglos, ideas que han arraigado en nuestro inconsciente colectivo, las civilizaciones ajenas a la propia han entrado por la lengua, el judaísmo ha dejado una buena cantidad de hebraísmos en el español, unos son claros, otros calcos, otros más subyacen herméticos en las palabras, ese racimo de ideas han hecho historia, han forjado nuestra herencia hispanohebrea, aún después de 1492 cuando fueron expulsados de España.  
El judaísmo no es solamente una religión con sus heterodoxias y ramificaciones místicas, es una cultura, una visión del mundo, una civilización. Las aportaciones del judaísmo a la cultura hispánica son innumerables, polifacéticas e insoslayables, no está de más recordar que los tres principales pilares de la civilización occidental lo constituyen la amalgama de tres civilizaciones de la antigüedad: Grecia, Roma e Israel; claro que también el islam con sus ocho siglos de labor civilizatoria en España también tuvo su influjo,  y tantos otros pueblos como los celtas, iberos, godos, germanos, galos, eslavos, etc. Han sido tres las grandes nodrizas intelectuales en el desarrollo de la personalidad de lo que se conoce como Occidente, las ya mencionadas, pero que han vivido en permanente tensión, pues fue breve el tiempo de la paz, Al Andaluz, donde las tres grandes religiones convivieron y colaboraron en la construcción de la cultura y del conocimiento, sus sabios hablaban latín, hebreo y árabe, además de excelentes traductores y exegetas de las tres tradiciones, en ese segundo renacimiento europeo, (el primero había sido el del reinado de Carlomagno). La incursión de los judíos en Europa comenzó con la destrucción de Jerusalén y su templo en el siglo primero después de Cristo, fue cuando comenzó la primera diáspora judía, la cual se prolongó hasta el siglo XX con altibajos, palabras como diáspora, éxodo, migración, errancia, dispersión, etc. son típicamente hebraicas. El pensamiento hebreo a través de los milenios ha desarrollado varias vertientes no religiosas, o de su estructura religiosa que son la Torá, el Talmud, es decir, la Biblia menos bastantes libros (del Antiguo Testamento) no canónicos para los rabinos pero sí para la curia eclesiástica romana. Ideas tales como la sucesión lineal del tiempo, la historicidad, la eternidad, el génesis, es decir, la idea de que el universo fue creado por un ser supremo, y el mesianismo, entre muchas otras más, pero aquí me detengo porque mi intención es mostrar brevemente un atisbo de cómo esta idea tan apasionante, descabellada y peligrosa ha transformado los sucesos históricos durante el paso de los siglos, en este sentido Hegel tenía razón, las ideas sí modifican la realidad, pueden ser grandes hombres quienes las manifiesten pero son los imaginarios colectivos, las sociedades quienes los producen, Marx mismo, quien negaba que las ideas desempeñaran un factor determinante por darle la prioridad a los hechos, a la praxis, influyó en el curso de la historia política del siglo XX, su sombra aún se cierne sobre América Latina con el resurgimiento del neo socialismo ahora caribeño estilo Hugo Chávez, quien debería leer el libro de Francois Furet El pasado de una ilusión, antes de repetir la historia, no sólo ese libro, Archipiélago Gulag, de Solzenitzin, Los orígenes del totalitarismo de Hanna Arendt y tantos otros. El judaísmo espera un salvador del mundo, un redentor de los pecados de los hombres, un emisario de Dios, eso lo dicen los profetas bíblicos desde tiempos ancestrales, ahora, los intelectuales judíos, quienes en su mayoría han abdicado de sus creencias religiosas, han mantenido la estructura del pensamiento hebreo, han trasladado los contenidos a campos semánticos diferentes,  así hombres como Benjamin, Adorno, Einstein, Freud, Canetti, Scholem, Rosenzweig, Arendt, etc. han poseído un pensamiento mesiánico.   El mesianismo es la actitud que pretende salvar al mundo porque inherentemente la realidad está pervertida por el pecado original, porque el peor pecado es haber nacido, en la frase del Eclesiastés, el salvador es enviado directamente por el creador para darle sentido al mundo que vive en penumbra desde el principio, cuando se perdió el paraíso terrenal por la ambición de conocimiento según algunos exegetas, la vocación mesiánica fue heredada al cristianismo pues no hay que olvidar que esta religión surgió de una secta del judaísmo que llegó a consolidarse como religión oficial del Imperio Romano en tiempos de Constantino.





domingo, 5 de febrero de 2012

El eclipse de Augusto Monterroso

Este año los mayas están de moda, los mayas muertos, no los vivos que subsisten agazapados en la pobreza, como ya Samuel Ramos lamentaba en El perfil del hombre y la cultura en México, los mexicanos rendimos culto al indígena histórico, pero desdeñamos al vivo. Existen honrosas excepciones, desde luego, pero poco ha cambiado esta actitud desde que fue publicado su libro en 1934. No puedo desaprovechar la oportunidad para compartir un cuento sobre los mayas que siempre me ha gustado mucho. El cuento fue escrito por un hispanoamericano y narra el choque entre dos mundos (cultural, intelectual, físico), me parece interesante porque narra la visión de los vencedores que se han identificado con los vencidos, la escritura de cuentos es una forma de reivindicación de acciones pretéritas malogradas, es una forma de hacer justicia histórica. Los vencedores son los que tienen al español como lengua materna, mejor dicho, los descendientes de los vencedores, léase conquistadores. Lo cual no quiere decir que estemos de acuerdo o que simpaticemos siquiera con las atrocidades cometidas en el pasado por los españoles en tierras americanas, por ejemplo las tristemente célebres quemas de códices mayas, actos barbáricos que en pleno siglo XXI en países “civilizados” siguen ocurriendo. El cuento se titula El eclipse, del guatemalteco Augusto Monterroso. Intentaré una síntesis. Fray Bartolomé Arrazola, predicador de la fe cristiana en la selva de Guatemala, es prisionero de los mayas y será sacrificado, con la soberbia que caracterizaba a los misioneros que se creían superiores en todo a los mesoamericanos, sobre todo en materia astronómica, el fraile, que hablaba maya, urdió un ardid para salvarse, los amenazó diciéndoles: “Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura”. El fraile se sorprendió de observar incredulidad en los ojos de sus verdugos, vale la pena citar el final: “Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.” Me parece un cuento magistral en esa brevedad tan característica de la prosa de Monterroso, breve pero sesuda. La historia me parece divertida porque si en algo fueron sabios los mayos fue en astronomía, en la predicción exacta de eclipses en un periodo milenario, y un escolástico que no tenía más conocimiento de la mecánica celeste que la física aristotélica-ptolemaica aprendida dogmáticamente en un libro y nunca en la observación directa o con cálculos matemáticos, no podía enseñarles astronomía a los mayas. El sistema ptolemaico permitía hacer predicciones sencillas, de eclipses por ejemplo, pero generalmente erróneas. A Monterroso le hubiera entusiasmado saber que los glifos mayas fueron finalmente descifrados y su civilización forma parte ya no de la especulación arqueológica sino de la historia, con pleno derecho, pues el requisito sine qua non para ser considerado parte de la historia es la escritura. ¿Encuentro de dos mundos o choque de civilizaciones, según el término acuñado por León Portilla antes que Huntington lo empleara? Creo que los mayas han vivido muchos 2012, 1521 fue uno de esos años, los mayas clásicos habían abandonad sus suntuosas ciudades, pero vivían en la selva, donde fueron diezmados por los conquistadores españoles, y sus documentos históricos quemados en la hoguera de los emisarios de la inquisición. Es lícito que la literatura trate  asuntos extra estéticos, las implicaciones de El eclipse son prolíficas, dos cosmovisiones se encuentran con violencia, ergo, la intolerancia impera y a sangre y fuego se impuso una de las dos civilizaciones. Cada una tenía sus tesoros intelectuales y espirituales, pero una fue más fuerte y se impuso con el argumento de las armas. El cuento nos muestra la simpatía que sentimos los hispanoamericanos hacia los vencidos (sobre todo los intelectuales), de quienes nos consideramos herederos aunque no lo seamos, quienes hablamos español somos los tataranietos de los conquistadores, pero también de los frailes y de los humanistas que legislaron y abogaron a favor de los indígenas, en contra de sus crueles compatriotas. Monterroso se imaginó una situación muy verosímil, que pudo haber ocurrido centenares de veces en aquellos durísimos años, lo rescatable de todo es la belleza del estilo literario que posee nuestra lengua, la capacidad afinadísima para el sarcasmo (como en la frase final del cuento “sin la valiosa ayuda de Aristóteles”) y la autocrítica histórica. Creo como Carlos Fuentes en El espejo enterrado, en la reconciliación de los dos mundos, hay mucho qué aprender sobre los mayas y sobre la prosa de Monterroso, autor de Obras completas y otros cuentos.